jueves, 11 de octubre de 2012

In memoriam de L. Gómez Llorente: "la indiferencia religiosa no es progreso, sino pérdida".

Era una verdadera autoridad en la defensa de una educación laica, defendía con argumentos sólidos los avances que el laicismo ha traído a España y que hoy son patrimonio común. En esta hora, Gómez Llorente nos ha sorprendido con su última voluntad, siempre llena de coraje moral y determinación: quería un funeral de rito católico. La esperanza frente a la muerte, como la esperanza de una sociedad de seres humanos iguales y libres frente a la cruda e injusta realidad de la historia.

"La indiferencia religiosa no es progreso, sino pérdida". Esto decía el sólido defensor del laicismo socialista Luis Gómez Llorente. En los últimos ocho años Cristianos Socialistas, a través de su coordinador Carlos García de Andoin, se había encontrado y había colaborado con este maestro de socialismo, que fuera vicepresidente del Congreso de los Diputados. 

Era una verdadera autoridad en la defensa de una educación laica, defendía con argumentos sólidos los avances que el laicismo ha traído a España y que hoy son patrimonio común: la libertad de cultos, la secularización de los cementerios, el divorcio civil, la universidad civil, la eliminación de la obligatoriedad de la religión católica en la escuela pública,... Le parecía intolerable la pretensión de poder político de la Iglesia y su alineamiento nacional-católico con la derecha. Pero era defensor de un laicismo incluyente, como su admirado Fernando de los Ríos. Respetó con exquisita sensibilidad la experiencia religiosa, consideró el cristianismo un asunto serio y relevante para las aspiraciones igualitarias y de justicia social de la izquierda; consideró en su concepción de la educación que "el conocimiento del hecho religioso es un componente básico de la formación integral humana"; siempre fue partidario de un pacto y un consenso sobre la presencia de la religión en la escuela; y era taxativo en su juicio contra aquellos que consideran la indiferencia religiosa creciente como un progreso para la laicización de la sociedad. 

En esta hora, Gómez Llorente nos ha sorprendido con su última voluntad, siempre llena de coraje moral y determinación: quería un funeral de rito católico. La esperanza frente a la muerte, como la esperanza de una sociedad de seres humanos iguales y libres frente a la cruda e injusta realidad de la historia. In Memoriam del político y profesor Don Luis Gómez Llorente recordamos sus palabras traídas de una ponencia "El papel de la religión en la formación humana" que fue publicada en el libro Tender Puentes. PSOE y mundo cristiano (2001: 355-392):

"Detecto la indiferencia actual de muchos españoles jóvenes ante la religión, ante los fenómenos religiosos, como una señal más de pérdida de identidad colectiva. Sus padres no fueron tan indiferentes y menos sus abuelos y sus bisabuelos. Ellos no se definían en materia religiosa por la indiferencia. No "pasaban" de religión. Eran creyentes, o ateos, o herejes, o “librepensadores”. Eran amigos o enemigos del clero, y veían con simpatía o con antipatía la religión. Cualquier cosa menos la indiferencia.

No comparto la idea de quienes ven en ello un “progreso”. La indiferencia inconsciente, fruto del desconocimiento, nada tiene que ver con la tolerancia, fruto precisamente de la reflexión sobre las creencias. La tolerancia viene como regreso del fanatismo, como voluntad de ir hacia una convivencia pacífica entre las creencias y entre la creencia y la increencia. La indiferencia aparenta estar de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. No es una nueva forma de pensar sino de no pensar.

Seamos cuidadosos en esto. Algunas personas reflexivamente antirreligiosas ‑no les faltan razones‑ incurren en el error de regocijarse ante esa indiferencia religiosa, y lo confunden con la deseada laicización de la sociedad. Pero no advierten que quienes “pasan” de tomar postura ante la religión, “pasan” también de tomar postura ante los idearios políticos por el mismo hecho radical, porque los desconocen. Igual pasa con las teorías estéticas, o con el acomodo meramente imitativo de las pautas éticas. Todo esto, señores, no es “progreso”, sino regreso a un crudo gregarismo primitivo, harto peligroso por cierto, dado que esa vaciedad de ideas puede ser invadida en cualquier momento crítico por el primer aventurero que tenga a su mano el grifo de las imágenes en cascada".